El «Llano de las Bellotas” (Fahs al-Ballut, los Pedroches), que ocupaba el paso natural hacia la Mancha, fue en época andalusí un distrito diferenciado del de Córdoba ya que los límites de las provincias actuales no coinciden con los de antaño. Las fuentes árabes vinculan este espacio con una significativa presencia de población bereber cuyas huellas son patentes en la toponimia del territorio: la actual Sierra de Almadén, denominada entonces “Montes de los Baranis” (Baranis es una terminología medieval asociada a estos grupos), así como otros lugares, Yarawa o Sadfura, correspondientes a tribus o fracciones, cuya identificación no ha sido posible hasta ahora. Además de ellos, nombres como Mestanza (de la tribu Mistasa) o Cuzna (de Kuzna) son fiel reflejo del paso de estas poblaciones por la comarca. Además de la toponimia, los bereberes de esta zona fueron mencionados como instigadores o como apoyo en levantamientos y revueltas contra los gobernantes omeyas.
Importantes familias bereberes, como la de Mundir b. Said al-Balluti al-Kuzni, tuvieron sus raíces en este valle, aunque después se trasladaran a otros lugares, de los cuales el más habitual era la cercana ciudad de Córdoba. La capital del califato omeya fue centro político, militar e intelectual y atrajo, como no podía ser de otra manera, a insignes nombres de la jurisprudencia, de las ciencias y del saber religioso; entre ellos, individuos y familias que ascendieron en la escala social con independencia de sus orígenes bereberes. Su condición de capital hizo a Córdoba testigo de la llegada de numerosos contingentes bereberes del norte de África, especialmente en época de Almanzor (siglo X). Los autores medievales otorgaron a estas tropas un papel protagonista y determinante en los conflictos que culminaron con la caída del califato de Córdoba.
Helena de Felipe
Universidad de Alcalá

















